En un momento de los tempranos años ochenta, nuestro papá se suscribió a este nuevo servicio llamado “Cable TV” que acababa de hacerse disponible en nuestro vecindario. Mis hermanas y yo estábamos emocionados; “¡Vamos a ver MTV! ¡Sí!”

No. Nuestro servicio de cable consistía de un sólo canal: HBO. Esto significaba que no veríamos a Duran Duran en la jungla, no veríamos a Sting corriendo entre las velas, nada de Pat Benatar “bailando” por dinero o Tom Petty en el País de las Maravillas.

Sin embargo, esto no estaba del todo mal. Entre películas, HBO mostraba algunos vídeos musicales del momento. Sólo recuerdo algunos de ellos, en especial Electric Avenue de Eddy Grant y los vídeos de Michael Jackson, Beat It y Billie Jean. Como la librería musical de HBO era bien limitada, terminábamos viendo estos mismos vídeos una y otra vez, pero constantemente quedábamos maravillados por ese no se qué, esa naturaleza cool que irradiaba Michael Jackson.

Los que hoy en día están hastiados del faranduleo quizás no recuerdan lo que Jackson significó en su tiempo. Era música bailable, pero también era rock. Todos en la escuela querían ser como él; yo también. Bailábamos como él. Tratábamos de copiar el peinado. Recreábamos el baile/pelea de cuchillos de Beat It. Cuando uno de los muchachos llegó a la escuela con una chaqueta roja al estilo auténtico de Michael Jackson, incluyendo las cremalleras y mangas removibles, todos estuvimos celosos por días. Cuando lanzaron el vídeo de Thriller todos hablaban de él. Inclusive recuerdo una actividad de la escuela donde mostraron la película Raiders of the Lost Ark y Thriller en una de esas viejas máquinas VCR; nunca había visto a la gente tan emocionada por cosas como ésta. Al final todos tratamos de hacer el baile de los zombies.

Toda esta fiebre pasó, por supuesto. Bad salió al mercado y todavía era cool, pero para entonces la gente empezaba a preguntarse por qué Jackson se estaba poniendo blanco. Nada fue igual después de esto, y el chisme terminó hundiendo toda discusión acerca de su música. Lo más triste del caso es que ese comportamiento posiblemente desviado que vino después de seguro se debió en parte a haber vivido una niñez tan extraña. No es que perdonemos lo que hizo si lo hizo, pero piénselo; el hombre vivía en un parque de diversiones y tenía un cimpancé como mascota, entre otras exentricidades de niño adulto. Claramente estaba en busca de algo que nunca tuvo.

Así que eso es. No podemos olvidar los escándalos, pero también recordamos con afecto la música y la “persona” que fue una parte tan importante de nuestra niñez. Eso fue lo que lo hizo grande, y por eso lo extrañaremos.

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