Vagabundo, Robi Draco Rosa

Quién diría que de Menudo, el grupo musical juvenil prefabricado, saldría el talento que eventualmente lograría realizar uno de los mejores álbumes de Rock en Español de los noventa. A mediados de esta década y después de mucho tiempo fuera del ojo público aparece Robi Rosa, ahora con el nombre “Draco” y un look muy singular. La primera reacción de los escépticos (incluyendo la mía) era de incredulidad y mofa. Después de todo muchos ex menudos habían tratado de lograr una segunda vida incursionando en otros géneros musicales una vez salían del grupo, en géneros que iban desde el rock hasta la salsa y merengue. El problema es que el lastre de Menudo no ayuda mucho a la hora de establecer reputación y credibilidad musical. ¿Alguien recuerda a Xavier, el salsero karateka? Y para empeorar la cosa, ahora Robi se presentaba como este tipo bohemio, sin arreglar y “drogo”, por usar un término popular que usaban para referirse a él (no que no fuera verdad). Ahora bien, cualquier conocedor de la historia del Rock sabe por experiencia que a los “bizarros” hay que darles al menos una oportunidad y escuchar su música. Si no fuera así no tendríamos a Morisson, Dylan, Hendrix, Bowie, Lennon, Cobain, Radiohead y muchos otros. Y sólo bastaba escuchar Vagabundo una vez para convertir a los escépticos como yo.

Vagabundo llegó en la época del post-grunge del Rock anglosajón, en el momento en que este movimiento musical se desmoronaba por convertirse muy comercial. El ascenso del grunge o alternative, sin embargo, abrió la mente de muchos a aceptar propuestas musicales diferentes; rock pesado, sí, pero sin las camisas de fuerza autoimpuestas durante la década pasada que culminaron con el hair metal de final de los ochenta. No se equivoquen, Vagabundo “roquea”, pero lo hace en una forma más experimental que, por ejemplo, Frío –su primer disco como solista.

Los temas en Vagabundo son oscuros, envueltos siempre en imágenes surreales. La preocupación con la muerte es un tema central, y el álbum completo, aunque está lejos de ser un “álbum concepto”, tiene una cohesión absoluta de tono. En ocasiones las letras van acompañadas de escenas: podemos escuchar el ambiente de una taverna o de un carnaval, y nos imaginamos al poeta/filósofo/bohemio maldito, viviendo la vida en soledad y contemplando en todo momento el suicidio como su método de redención: morir para volver a comenzar.

Todo esto, sin embargo, no resulta en un disco difícil de digerir. En todo momento Draco se preocupa por la estética pop de las canciones, y el disco está lleno de ganchos memorables. Precisamente aquí es que reside la fortaleza de Vagabundo: un excelente disco rock y un perfecto disco pop, totalmente accesible pero intrigante por su profundidad, que se pone mejor cada vez que se escucha, y que pasa la prueba del tiempo luego de años.

Canciones favoritas: Vivir, una declaración de independencia del cantante y también una burla a los ídolos vacíos de la música que, irónicamente, al primero que me trae a la mente es a Ricky Martin. Amantes Hasta el Fin, con una melodía que poco a poco va creciendo hasta llegar a un final beatlesco y completamente parapelos; pura pefección pop.