Cuando pirateas MP3s, estás descargando comunismo...

Todo se vale en el amor y la guerra. Al menos eso creía la disquera Sony BMG hasta hace unos días. Aquel que ha seguido de cerca la batalla que por años lleva la industria disquera contra la piratería de música digital por Internet sabe que la industria (representada principalmente por la RIAA) ha hecho mil barbaridades en su cruzada por eliminar esta práctica. Hasta el momento el acto más notorio había sido el de demandar a sus propios clientes como un ejemplo a los demás de los que le puede pasar si se atreven a bajar música por la Internet.

Pero en estos días se han ido revelando los detalles de un escándalo sin precedentes. Resulta que durante los pasados ocho meses Sony BMG ha vendido más de 2 millones de CDs con un sistema de protección anti-piratería llamado XCP. El XCP es un software que se instala en una computadora Windows cuando el dueño del CD lo intenta tocar en su PC. Tan pronto la persona pone el CD en su lector óptico, aparece un texto de términos y condiciones que el usuario debe aceptar. Si el usuario acepta, el software se instala. El software limita la cantidad de copias que se pueden hacer del CD y evitar que se hagan copias MP3 de las canciones.

Lo escandaloso del asunto es que el XCP es un tipo de software llamado “rootkit“, que toma control del sistema operativo de la PC al nivel más profundo posible. En otras palabras, el software tiene acceso administrativo a la máquina y puede hacer lo que sea, desde abrir un backdoor hasta borrar archivos importantes. Los rootkits suelen ser usados por intrusos (“Crackers/Hackers“) para esconder sus rastros en un sistema al que han entrado secretamente. Al tener acceso administrativo, el intruso puede correr programas maliciosos sin ser detectado por el dueño. En ocasiones, estos rootkits pueden inclusive evadir detección por programas anti-virus. El rootkit de Sony, aunque por sí mismo no hace ningún mal a la computadora, le abre la puerta a otros virus a que entren a la PC. La gente de Sony rápidamente alegó que esto era un issue “académico”, ya que un virus tiene que ser escrito específicamente para que funcione con el rootkit, y hasta el momento no existía ninguno. Varios días después estos virus empezaron a aparecer en la Internet. Auch.

Pero la cosa no acaba ahí. Ante la controversia generada por todo el asunto, Sony creó un parcho diseñado para que los usuarios afectados pudieran eliminar el rootkit de su sistema. Para lograr esto, el usuario debía ir a una página Web de Sony y bajar el parcho, pero el parcho en sí tenía un problema de seguridad que le permitía a cualquier otro website instalar programas maliciosos en la PC sin el conocimiento del usuario. Estos websites tampoco tardaron en aparecer. Luego de esto Sony tuvo que eliminar el parcho y dar una segunda disculpa pública.

Microsoft y las diferentes compañías de seguridad y anti-virus han catalogado el XCP al mismo nivel de un virus. Esto obligó a Sony BMG a mandar a recoger cerca de 4.7 millones de CDs de las tiendas de discos. Por supuesto, también se están cuajando varias demandas de clase contra Sony por todo este problema. La fuerza principal para estas demandas proviene del hecho de que los términos y condiciones que aparecen cuando el usuario pone el CD en su computadora no mencionan la profundidad del alcance de este software. De hecho, el texto incluye otras cláusulas que resultan increíblemente draconianas.

Y ahora el tercer strike. Hoy se supo que parte del software que incluye el sistema XCP contiene código “open source” (“código abierto“), que son componentes de software que se distribuyen libremente y sin costo. El código abierto se distribuye bajo unos acuerdos que estipulan que cualquier software que haga uso extenso de código abierto debe a su vez ser distribuido como código abierto, lo que significa que el XCP está violando estas licencias de distribución. Esto abre la puerta a más demandas contra Sony BMG.

Todavía falta mucho que ver en este caso, pero lo más claro es que las compañías disqueras cada día están más desesperadas, tratando de agarrarse de modelos de distribución y mercadeo de música que están claramente obsoletos.